Una muy larga noche y el despertar…

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Omar Castro
Ahora que contamos los años a puños, podemos decir que, durante décadas, hemos visto de cerca el desarrollo político de nuestro país y, en ocasiones, formando parte de él, desde este brazo extendido de la patria.
Sin embargo, cada época, cada etapa o periodo, han reunido características particulares, habida cuenta que el hecho histórico es irrepetible.
Hoy, por ejemplo, gracias a las “benditas redes” y como las verdolagas en tiempo de lluvias, observamos, leemos y escuchamos a diario, a una marabunta, un enjambre o un cardumen de comentaristas, críticos, analistas, especialistas, conocedores, polemistas, que una vez sentados frente al ordenador; con el teléfono portátil en mano; con micrófono o frente a una cámara de video o de televisión, disertan u opinan de forma verbal o por escrito, por cuanto tema se les atraviesa, asumiéndose poseedores de la verdad.
Antes de la irrupción de las Tic hubiese sido impensable.
Pero no solo fue el fenómeno tecnológico. Fueron también, décadas de lucha en los movimientos sociales, las que fueron decantando la simiente en la conciencia colectiva para despertar del letargo provocado por el miedo a la represión ejercida por el Estado; represión ejercida desde los métodos más sutiles hasta la ignominia del asesinato.
Aún así, también en este marco de libertad conquistada y no atribuible a una gratuita concesión del poder político, igual se siguen escuchando o leyendo verdades a medias o mentiras completas. La manipulación está agazapada y de repente salta a la palestra como engaño, denuesto, calumnia y ofensa, abierta o encubierta, cuando bien sabemos que el anonimato es primo hermano de la cobardía. Es el rostro del maniqueísmo; del fundamentalismo -de izquierda o de derecha- de la mano que se desliza debajo de la mesa para pagar un plato de lentejas; del argumento falaz; de una libertad atropellada por el libertinaje.
Pero no todo es blanco o negro; los matices han acercado ideas y voluntades para avanzar en la democratización de la vida pública del país; para acercarnos a la buena fe y alejarnos de la trampa y del doble discurso; para ser parte de una sociedad renovada que recupera la ciudadanía activa para dejar de ser tan solo habitantes de un territorio, paralizados y sin voz.
Recuerdo los 70 y los 80 del siglo pasado; los años de una hegemonía brutalmente represiva y además rapaz, mientras que millones de mexicanos guardaban silencio, frente a la rebeldía de una minoría que pagó un alto costo en las mazmorras, con derechos conculcados y vidas cercenadas.
El deslizamiento de la calidad de vida de los habitantes de esta nación y la precaria salud de las instituciones, no hubiesen sido tan dramáticos si la voluntad del pueblo de México hubiese sido respetada desde hace 30 años. Entendemos que las grandes transformaciones sociales toman su tiempo -mucho por cierto- y que éstas, llegan para generar un nuevo despertar.
Nos ha tocado vivir ese despertar y lo vamos a defender; lo vamos a honrar, sobre todo, por la memoria de aquellos que en tiempos difíciles alzaron su voz y ya no están con nosotros.
Sabemos que la 4ta Transformación no es un día de campo; es una tarea cuesta arriba; imaginemos remontar más de 80 años de atropellos y tropelías, y así sabremos y entenderemos de qué se trata la 4ta Transformación, y del compromiso que nos exige a los que amamos el suelo que pisamos.
De los necios y los falsarios; de los que se han quedado anclados en el pasado, añorando poder y privilegios; de los que han robado y traicionado al pueblo; de sus jilgueros y amanuenses, ya se encargará de cobijarlos el basurero de la Historia.

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