Luis Miguel Aragón

Se esperaba un duelo de titanes; estaba comprobado que en una pelea entre dos mexicanos puede haber sangre, sudor, coraje, valentía, pero nunca lágrimas. Así se anunciaba la pelea entre El Alacrán Berchelt (cancunense, avecindado en Sonora), quién llegaba como campeón del peso superpluma del CMB  (organismo más reconocido del boxeo mundial), y el retador Óscar Valdez, un sonorense aferrado, quién mostró su mentalidad y corazón desde que participó en Los Juegos Olímpicos, Pekín 2008 y luego campeón mundial juvenil en ese mismo año.

Al toque de la campana del primer round, como gallos de pelea se encontraron en el centro del ring, chocaron sus guantes y esto dio inicio a la contienda. Una historia que si fuera serie de televisión, los capítulos serían repetidos. Un Oscar Valdez, que desde el primer minuto salió a cumplir su papel de retador, con ese jab de izquierda que lo conectó cuantas veces le dio su gana y fue mermando a un Alacrán Tullido, que nunca estuvo a la altura de una pelea de campeonato. En el primer round, Valdez se echó pa´ delante, con estrategia, estudio, disciplina y corazón. Le quedaba como anillo al dedo aquel dicho mexicano: No vengo a ver si puedo, si no porque puedo vengo. Mientras que su adversario, el primer, segundo y tercer asalto, los utilizó como estudio. No podía contrarrestar la estrategia de su oponente. Tiraba casi en cámara lenta sus golpes (eso parecía), sin conectar la mayoría de sus rectos y ganchos, y aquellos que llegaban al cuerpo de Valdez no llevaban la fuerza para hacer daño. Aquel  Alacrán que había demostrado porque tenía más de tres años con el reinado, está vez parecía caracol. Un guerrero que en su pelea anterior, metió opers combinados con golpes en la zona hepática y una repetición del 1-2 en el rostro, para derrotar a otro peleador mexicano con  grandes cualidades como lo es el “Bandido” Vargas. Esta vez no se presentó ese Arácnido ponzoñoso que todos conocíamos; esta vez se veía acalambrado, pesado, lento, distraído y hasta sorprendido.

Llegó el cuarto round, Valdez ya había explotado algunas bombas y con una zurda muy acertada llevó al campeón a las cuerdas en malas condiciones, logrando con ello que el réferi le aplicara la cuenta de protección, Berchelt estaba en problemas. Siguió la batalla sin mucho cambios, hasta el sexto asalto el Alacrán tomó un poco de aire y mostró una leve recuperación, pero no lograba convencer de que podía darle vuelta a la historia, pues sus golpes no mostraban poder. Así llegaron al noveno episodio, Valdez seguía al pie de la letra el plan orquestado por Eddy Reynoso y Frank Espinoza. Habían estudiado muy bien al adversario y sacaban lo mejor de su pupilo. En este asalto Berchelt se fue a la lona y Valdez dueño de la contienda buscó el nocaut sin lograr concretarlo. Pudiera ser que no le gustaban los número nones y por ello lo llevó hasta el asalto 10 para darle jaque y mate al Rey. Con un gancho de izquierda logrado de forma quirúrgica, Oscas Valdez, desconectó por unos segundos y llevó casi al desmayo al que en ese momento dejaba de ser el campeón de la división… Tres ingrediente resaltaron ayer, el primero es que no basta el talento, se requiere disciplina y corazón para lograr los sueños. El segundo, la irresponsabilidad tanto en la esquina del Alacrán como en el réferi de no parar a tiempo la pelea y evitar un daño severo al peleador. y la tercera, el abrazo del ahora campeón al adversario caído… Ser humano, es lo que vale en esta vida.

Luis Miguel Aragón

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